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Adiós septiembre, adiós

Adiós septiembre, adiós. Mientras muevo el arroz con leche que se me ha antojado hacer, me pongo a pensar en todo lo que ha pasado este mes que está acabando, y me doy cuenta de lo afortunada que soy, y a la vez de lo difícil que ha sido todo.

Afortunada, porque han sido varias las parejas y varios los proyectos que han ido saliendo. Y pese al trabajo duro que hay detrás, merece la pena ver esas caritas de felicidad cuando se están casando.

Difícil, porque aunque no lo creáis, todo el grueso de cada proyecto cae solo sobre mí. Cierto es que los días de “ejecución” in situ me rodeo de mis chicos que lo dan todo porque salga bien. Y siempre hay otros equipos (catering, personal de las fincas) que ayudan y apoyan para lograr los mejores resultados.

Y claro, como decía una amiga, “haz aquello que esté en tus manos, sin necesitar las de otro”,este bonito trabajo, conlleva muchas cargas, las cuales me he buscado yo solita. Por lo que no  me puedo, o no debo, quejarme. A veces, no solo basta la experiencia, hay que saber llevarlo todo, con paciencia y con ánimo.

Acostumbro a revisar varias veces al día mis redes sociales, y sobre todo, Instagram, que quizás sea mi favorita. Digo quizás porque creo que si no tuviera ninguna, tampoco me moriría. Lo cierto es que ésta en concreto, es apasionante porque descubres el momento de cada persona. Su día a día, sus progresos.

Aunque es cierto, que en ocasiones, me causa ansiedad. Lo ves todo tan idílico, (no Pinterest, donde alcanzan unos niveles tan altos que como son inalcanzables se descartan automáticamente), todo tan colocado, las fotos tan perfectas, tan buenas madres, tan estilosas, tan divinas de la muerte… que miro a mi alrededor y creo que no estoy en ese mundo ni de lejos. Hay días en los que cuando siento que todo pesa demasiado, lo último que me falta es que alguien me diga que su día es más bonito que el mío. Así que desconecto.

Y al desconectar descubres que hay vida a tu alrededor. Que la comida sabe mejor cuando te la comes caliente, y no fría porque has estado intentando buscar el mejor plano de la foto. Que sales a la calle, y descubres que esa cafetería tan “cool” que te presentaba la blogger del momento no es más que un antro con 3 sillas del rastro y unos croissants de paquete en 10 metros cuadrados. Y no, no tiene encanto.

Desconectas y no te sientes mal por ponerte el pantalón del chandal con unas zapatillas de hace 7 años, y además, no te da vergüenza porque te cruzas con gente como tú por la calle.

A veces, hablo con la gente que me rodea de este tipo de situaciones y me sorprendo al saber que su inmensa mayoría, no sabe quién es ni una sola de las personas citadas, esas que tienen 150k , y chorrocientos me gustas en las fotos de un plato de cerámica con un fondo blanco y una rama de eucalipto en un bote. Típica.

Y entonces es cuando me vengo arriba. Porque si bien, se que es importante que me conozcan fuera de estas “fronteras”,  es más importante para mí que vengan a mi tienda y me digan que, todos esos locales de moda que han creado tendencia en ciudades grandes, son desilusionantes, y sin embargo, el mío es increíblemente bonito. Es más importante para mí que en vez de tener 300 “Likes” en mis fotos, mis clientes me manden mensajes de recomendaciones, de gratitud y de emoción.

Así que, termino un septiembre de trabajo, de ilusiones y de alegrías, descansando en casa, con el aroma de la canela y la naranja pululando a mi alrededor, y con las pilas recargadas para seguir trabajando y consiguiendo las metas que me voy proponiendo.

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